Año.

Bajamos juntos las escaleras que bajaban a la arena. Me quité la camiseta y la dejé apoyada encima de una piedra, dejando que se empapara de humedad. Él, el chico de Brno, me seguía, como siempre girando la cara hacia sus espaldas a cada segundo, sonriendo, haciendo gestos divertidos y gritando a los nuestros, que se quedan sentados en el muro de arriba, a esas horas no les apetece el agua. Yo no les hago ningún caso, no hago caso a nadie, he visto una boya amarilla al fondo y quiero llegar hasta ella solo. Pronto dejé al chico de Brno atrás, sin dar ningún tipo de explicación, y me zambullí en el Mar Cantábrico de Hendaya al paso de una ola, tan pequeña como yo. Y allí debajo, aguanté la respiración lo que pude, lo que el humo me permitió, lo suficiente como para preguntarme ¿Estás seguro? Y responderme Estoy seguro. Y me puse a nadar, con ese estilo tan de barrio, tan de piscina portátil, tan de cuadrúpedo terrestre. Los franceses seguro que pensaban Ese chico no tiene escuela alguna, pero en francés. Yo siempre pienso que No tengo escuela alguna, pero en silencio. Y con la boya en el horizonte nadé, y yo la encontraba más lejos a medida que mi cansancio se acumulaba. Pero en realidad no nos separaba tanta distancia, no. Conseguí a duras penas alcanzarla y me abracé a ella y enrosqué las piernas en la cadena que la mantenía fija y mi mente se concentró por fin en un único punto, lastrada como la boya. Así que, mientras flotaba fui sincero conmigo mismo, estilo soñador adolescente, pero sincero. Que sirva de atenuante para tanto onirismo espontáneo la conquista de un mar, el encontrarme rodeado del mejor atardecer posible, la visión de un casino que destaca entre el resto de estructuras, los rebufos provocados por unos aviones con su vuelo raso tras despegar de un aeropuerto, y la boya amarilla. Todo un caldo de cultivo cerebral en el año que descubrí el color amarillo, el color del peligro no inmediato según la bandera que izó la Cruz Roja aquél día de agosto en aquella playa. Que sirva de atenuante repito, señor juez, si me embriagué y me propuse revolucionarme por dentro, revolucionar por fuera a los demás. Y concluí: Olvídate de todo, vuélvete loco, total qué más da, es lo único que sabes hacer medianamente bien., asoma la cabeza como el casino de allá a lo lejos, el que se recorta contra el ocaso. Me alimenté de no querer ser un cualquiera, ni para mí ni para quién fuera. Feliz egocentrismo nuevo.

Yo celebré el Año Nuevo solo en medio del Mar, hoy celebraré siete de agosto rodeado de gente en medio de una ciudad. Se lo debo al almanaque.

En la imagen, una boya amarilla, probablemente del Mediterráneo.

De Alicante, Torrevieja o algún sitio así. Parece un Huevo Kinder.

Camiseta Básica.

Cuando te entre el pánico, relájate. Cuenta hasta uno, dos, tres, cuenta lo que te haga falta. Pon cara de Bruce Willis o de Jason Statham. Recuerda que eres un hombre. Y arréglalo. O por lo menos no sigas alimentando al pez que se muerde la cola. Esto lo deberías tener aprendido, pero siempre se te olvida, como comprar una camiseta básica de color blanco para llevar debajo del jerséi.

Fonendoscopio.

El rumor se convierte en certeza. Me saca de una cloaca y me golpea en la cara, en la coronilla, en la espalda. Toso y escupo mucha mierda, y me dice Vaya Cejas me traes idiota. Me tiende, me exhibe, me habla con silencios, me realiza un examen ocular, me da el visto bueno. Me dice Sigue con tus pupilas mi dedo índice, y yo solamente recuerdo esto, y llevo meses con la misma costumbre, moviendo los ojos de derecha a izquierda, No puedo perder de vista su falange pienso. Y me lleva a una estación de servicio veinticuatro horas, y yo no lo entendí muy bien porque creí que las veinticuatro horas hacían referencia al horario de apertura del establecimiento y que por allí solamente pasábamos para repostar y comprar unas galletas e irnos. Pero claro, no lo entendí, porque ella realmente me dijo Te llevo a una estación de servicio, veinticuatro horas. No me di cuenta, había una coma, una coma que olvidé como olvido todos los días el punto y coma. Y llego a casa y abro la puerta y empiezo a gritar Mirad mirad que es Navidad y que me han traído muchos regalos, y me dicen Hijo en realidad no son tantos, sólo traes uno, y contesto No sé, a mi me parecen muchos porque aunque sea uno no tengo brazos para sujetarlo de lo grande que es. Y tiro todas mis cosas nuevas por el suelo y sigo repitiendo No es uno, son muchos, mira todas estas cosas. Mira qué música de fondo, es su música preferida, la baila en los conciertos y en el bus y la busca ella y la encuentra ella y eso es bueno porque esas canciones las oye todo el día y le recuerdan muchos momentos y ahora, ahora he entrado yo también en todo eso, y aunque a veces dice: Te dejaré de hablar yo sé que aunque quizá sea cierto yo por lo menos ya he escrito una línea en la canción de un disco de un tal Santi, y soy una pegatina y por lo menos me tendrá que despegar de su piel, que menos da una piedra. Y levanto la cabeza y miro con otras Cejas, otro dibujo y veo que nadie contesta porque ya he aburrido a los del salón como siempre y bueno, ya sé lo que voy a comprar yo, un vestido para Nochevieja, uno bonito, con la tela de las sábanas y cosido con el hilo de mis miradas, esas que se convierten en el guión de la escuela de teatro, y entonces recuerdo Tengo que llamarla y lo coge y saluda Hola y respondo Hola, tengo algo que decirte y ella dice ¿El qué? y yo digo Nada, nada, que no soy ningún actor.


Fonendoscopio o fonendo

1. m. med. Instrumento médico para auscultar los sonidos del organismo:

Ejemplo: El fonendoscopio amplifica el sonido.

Nada.

Miércoles. Es por la tarde y es primavera. Primavera fría.

Aparece doblando la esquina, en su pequeño coche blanco de los noventa. Destartalado, maltratado, malherido, abollado, arañado, con toda su vida dentro del maletero. Con las luces de posición encendidas. Amarillas. Detiene el coche, tira del freno de mano, se agacha a recoger toda la mierda que hay en el asiento del copiloto. Baja la música que siempre lleva al máximo. Yo mientras rodeo el coche por la parte trasera, observo por última vez la matrícula y la pegatina de 'Apple' que lleva encima del faro trasero. Abro la puerta, me abalanzo a sentarme, golpeo todo con mi mochila, como siempre.

-Hola.

-Hola - me dice.

Fríos y distantes. Un aura azúl como un atardecer helado nos rodea.

-Ya no me besas ni nada, podrías saludar.

-Estaba en doble fila, quería arrancar rápido.

Silencio. Subo la música con el fin de que alguna nota pueda distraer nuestras cabezas a punto de morir.

-¿Qué tal tu día?

-Bien - contesta.

Gira por calles, aminora en un ceda el paso, deja que cruzen los peatones, se detiene en varios semáforos.

- El viernes podríamos ir a cenar a casa de Sara.

- No sé - Y me pongo a mirar las zapatillas que tiene tiradas en el suelo del acompañante. No recuerdo si unas bailarinas de Blanco o unas Vans con cuadrados blancos y negros.

En cuanto el coche se adentra en un túnel, sus ojos estallan:

- No sé, no sé, no sé... siempre no sé. Siempre lo mismo. Estoy harta de ofrecerte hacer cosas y nunca quieres hacer nada. Siempre igual. Lo que te pasa es que no quieres ir, y no sabes decirme que no, y me pones excusas, y el viernes llegarás y me dirás que estás cansado o vete tú a saber que cojones me contarás- La velocidad del coche aumenta escandalosamente, veo pasar los coches de al lado muy de cerca, sus gestos y su cara se tornan en rabia.

- No es eso, es que a día de hoy no sé que voy a hacer el viernes, y bueno, es verdad que no me apetece mucho, pero a lo mejor voy. - Miento. El coche se llena del humo de mi mentira.

Ella respira, piensa lo que me va a decir, hincha las aletas de su nariz, carga su escopeta y me apunta, me va a matar aquí y ahora. Y me grita:

- ¡Conmigo no vas a jugar como lo haces con el resto de la gente!

Torpe como un recién nacido, se me ocurre a mi también gritar como único argumento:

- ¡A mi no me grites eh!

Y por si no quedaba claro, por si no hubiese sido suficiente, repito:

- ¡ A mi no me grites eh!

Los dioses se van al bar, ellos ya han hecho su trabajo por hoy, los dados se quedan encima de la mesa hasta el día siguiente.

Ella no dice nada a este último grito. Pero su cara está encendida, está realmente cabreada, está roja, no tiene ojos sino mal de ojos, tiene los labios apretados como un asesino. Y simplemente mueve el volante una vuelta completa, dirigiendo el coche hacia mi casa otra vez, infringiendo alguna norma de tráfico.

- ¿Vas a arreglar esto llevándome a mi casa?

-Mira, te llevo a tu casa por no dejarte aquí ahora mismo – El enfado se convierte en chulería, y esa chulería ya me la conozco y me toca los huevos, y el que se enciende soy yo.

-¡Bájame de aquí ahora mismo!¡Bájame de aquí ahora mismo!¿Me oyes?

Y el coche paró por última vez. Y me levanté de ese asiento, y volví a golpear todo con mi mochila, como siempre. Y me quedé solo en medio de la nada. Me volví a casa andando. Sabiendo que todo había terminado.

Porque siempre hay muchas citas, pero solamente una despedida.

Síntomas.

-¿Qué me pasa?
-Tiene un nuevo Dibujo en sus Cejas.
-¿Es grave?
-Verá, hay algo que debería saber.
-¿Quién?
-Usted.
-¿Nadie más?
-Creo que ya sabe la respuesta.

Ganador del concurso de triples.

Soy el mejor tirándome triples. No soy millonario, no me tocó el gordo de la lotería de Navidad, pero casi si.

Ya lo dijo Paulo Coelho en el Alquimista:

"Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.".

Y a mí esta filosofía, que adopté hará como diez años con la lectura de ese libro, siempre (os juro que siempre) me ha funcionado.

Triple.

Mañana por la mañana voy a ser millonario, me va a tocar la lotería de Navidad.

Almodóvar. 2.

Mientras veo vídeos de youtube en mi habitación, escucho a mi madre salir del salón, o del cuarto donde está la tele, monopolio suyo. Está viendo algún magazine del corazón. Aparece por la puerta y un poco alterada me dice:

-Jony, que se han separado.
-¿Quién?
-Fernando.
-¿Qué Fernando?
-El piloto.
-Ah.

Y se va otra vez a ver la tele. Si existe un smiley para mi cara en ese momento sería este:

¿?

Voy a explicarle a mi señora progenitora qué es esto de los blogs. Tiene que escribir uno.

Tremp.

El chico, desde pequeño, sufre ataques de nervios durante breves intervalos de tiempo. Son permitidos y discretos, siempre bajo control, simulacros de incendio en un colegio público. Anuncios de ansiedad por palabras que tiran las hojas de su próximo libro por los suelos. Todo es afán por, una vez acabados los seísmos, volver a colocarlo todo de distinta forma. Combate el aburrimiento corriendo por las calles llenas de escarcha, escuchando el hielo romperse bajo las suelas de sus zapatillas. Y durante una de esas tempestades, en mitad del Océano Atlántico creo que era, con el mástil hundido y el timón quebrado, desenvolvió un mapa que mostraba la ruta hacia el puerto de los días con sol. En lugar de eso se encontró con una foto de su ausencia, aquella que guarda siempre que va a faenar con su chubasquero amarillo. Un retrato de una cara de mujer, una chica con astrolabios, instrumento que le ayuda a determinar la posición de las estrellas en la bóveda celeste. O al menos eso comprobó un domingo, sobre unas sábanas rosas y bajo un iglú de plumas blanco. Apicultor que extrae la miel de la colmena. Todo esto le conduce a tomar una decisión. Tira a las aguas un mensaje dentro de una botella con destino su ausencia. En la nota escribió lo siguiente, según me llegaron a contar a mí:

"Ya sé lo que vamos a hacer. Con toda la madera de este barco voy a construir una pequeña casa. Una casa para ti y para mí. Humilde, cómoda y reconfortante. Siempre va a estar caliente. Vamos a plantar tomates, me prometiste tierra firme porque sabes que me mareo en el mar. Y luego, luego sé que no va a haber luego. Porque vamos a escribirnos mensajes en cada una de las vigas de pino de nuestra morada, idénticos a los que te escribí en el vaho de las lunas de un coche. Así día sí, día también, soportándome, lo único."

Almodóvar.

Me he dignado a mirar la nueva agenda obsequio de la revista femenina 'Glamour' la cuadragésimo cuarta vez que mi madre ha acudido a mí para enseñármela. Es dorada. Completamente dorada. De color oro búscame en forma de pepitas en los ríos de Norteamérica. Y yo no soy ni Romeo, ni Cruz , ni Brooklyn, ni ningún otro retoño de Victoria Adams. Mi madre salía de fiesta en los años sesenta, pero ahora prefiere comentar el frío de cada una de las comunidades autónomas. Es una de esas madres que te mira fijamente a los ojos mientras narra los menos diez grados centígrados de Murcia. Mi problema este sábado es cómo decirle que esa agenda que tiene el color de la funda de un diente de un rumano no está hecha para ella. Y comprendí porque Pedro pensó en aquél título: Hable con ella.

Ladrido Doméstico.

Soy el perro pequeño y nervioso que va por la calle olisqueándolo todo. A veces soy el perro patada. Soy el perro que busca su portal mientras agita la cola. Soy un perro callejero con todo ese pelo lleno de mierda y que lleva sin cepillarse años. Soy el perro que no lleva collar. Soy el perro que te golpea con el hocico para que le hagas caso. Soy el perro que cuando ladra te hace reir porque ladra raro. Soy el perro que saca la lengua exagerando su cansancio. Soy el perro que corre a saltos. Soy el perro sencillo por su elegante ignorancia. Soy el perro que aúlla las noches de los viernes. Soy el perro que levanta las orejas cuando te oye. Soy el perro que te lame las heridas. Soy el perro que te recibe con entusiasmo cuando regresas a casa. Soy el perro que duerme en tu cama.

Soy el perro. Ningún lobo, sólo un perro que aprendería a tocar el ukelele si hiciera falta.

Cof Cof.

Super Sick vs. Super Snow, vs. Super Train, vs. Super Job, vs. Super Freak, vs. Super Book, vs. Super Market, vs. Super Web, vs. Super Freeze, vs. Super Soup, vs. Super Milk, vs. Super Bed.

Cuando me pongo enfermo me apunto a la tarifa plana de tengocincoaños.com.

Manta.

Pasé una noche con el Ejército del Mar. Me dijo que soy el antónimo de la primera novela de Stieg Larsson. Se lo agradecí. De hecho no sabe cuántas cosas le agradezco. Nadie se fija cuando estás pensando. Y te crees que sólo tú sueñas con la periferia y eso no es así. Muchos hombres de hoy en día tienen la regla y muchas mujeres van a tatuar su nombre en las páginas del futuro. Me hizo caso cinco minutos, y eso fue suficiente. Voy a perderme en un hotel, en un hostal, y me voy a creer por un minuto que todo esto está pasando.


Casiotone.

En una ciudad los chicos se hacen llamar los chicos de la ciudad. Acostumbran a dar palmas y a creer que existe el unicornio. Llevan gafas de sol por la noche y piensan tonterías. Ahorran para adquirir un casiotone y conseguir sonidos más orgánicos. Agregan al diccionario todas las faltas de ortografía de su procesador de texto, y omiten por defecto las expresiones con sentido. Los hay de todo tipo, sencillos y profundos, poco espabilados y pletóricos por la lluvia. Nunca usan paraguas y llevan gorros de lana con rayas marrones y naranjas. Detestan el orden y adoran la improvisación incoherente. Pasan horas hablando entre susurros de tranvías y de los ríos de las grandes capitales, como el Támesis y el Sena. Se sientan uno encima de otro con los codos apoyados en los muslos y la cara apoyada en las manos. Dialogan en francés, no el que se enseña en el colegio, sino uno inventado. Se dejan notas en el Telesketch y van a conciertos de alone-electro. Abren puertas y ventanas dentro de su cabeza, y más de uno sigue dibujando una espiral infinita sin proporción áurea. Es una generación perdida, no proporcionan beneficios y todos se perderán en la niebla. Al menos eso comenta el resto de la ciudad.


Mensajes (no tan) privados. 4.

Mañana a las 20,00h en el metro de Sol, salida...yo que sé, esa que mola mucho q parece parisina.
¿Por qué? ¡no sé! Creo que se ha escapado un pingüino del zoo y molaría que lo viéramos.
Asistencia obligatoria, no hace falta llevar pajarita.


Pitis.

O me pongo un poco en serio o me convierto en Jon el de Pitis.

Portada de Interviú.

El chico de Brno y yo teníamos un problema. Queríamos dar un golpe. Y no sabíamos muy bien por dónde empezar. Una tarde se nos ocurrió pintar seis puntos en cada cara de un dado, y lo dejamos en mitad de la Gran Vía junto a un tablero de parchís y unas fichas de colores. Al principio nadie se acercaba, y resultaba gracioso vernos esperar sentados en un banco con las narices tan rojas por el frío. Hasta que amanecimos con el sonido de unos cubiletes y cuatro niños riéndose a carcajadas con nuestro nuevo juego de mesa. Era la idea de moverse de seis en seis y no la de ganar la que convirtió aquello en un rotundo éxito. Tanto que lo patentamos y nos dieron un Premio Príncipe de Beckelar. Solamente fue el comienzo. Abrimos un garito, "Línea Seis" se llamaba. Bueno, nuestro, lo que se dice nuestro, no era. Pero la idea sí. Nos costó un poco que la cosa marchara. Tuvimos que convencer a todos los viajeros de la línea seis de metro para que un día no fuesen a trabajar y se quedaran dentro de los vagones, dando vueltas, desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada. Aún lo recuerdo, al principio nos tomaban por absolutos dementes. Pero, no sé, serían nuestras sonrisas o los gritos con aquél megáfono los que hicieron dar el primer paso a la primera persona que lo intentó. Terminó felicitándonos, y nos dijo que había conocido a más personas ese día que en el resto de su vida. El boca a boca convirtió aquello en el mayor centro de reuniones de toda la ciudad. Casi un movimiento diría yo, si me permite el adorno. Tras unos años, ya teníamos diseñado el proyecto que cambiaría el orden natural de las cosas. Fue increíble sacar a toda aquella gente del Bernabéu un miércoles de Champions para que fueran a ver un partidillo de chavales en el parque. Los aficionados de hoy quedan para ver al "Steaua no es potable" y al "Inter de Mitente". Echaban de menos el barrio, y ver a los hijos de sus compañeros de colegio, y por eso ya nadie paga por ver al Madrid. Nosotros lo sabíamos, y queríamos ver a Cristiano Ronaldo jugar en el "Nottinham Prisas". Nada de esto nos daba dinero, pero no importaba, cuando nos conocimos con ocho años sabíamos que no íbamos a tener piscina. Vivíamos juntos, y se tiró trece años aprendiendo a montar en bicicleta por el pasillo. Escribíamos todas las noches nuestras ocurrencias y las tirábamos en forma de avioncitos de papel por el balcón de casa. Sí que es verdad que una vez tiramos un zapato, pero lo de tirar las páginas amarillas nueve pisos abajo fue idea de él. Pregúntele. La medalla del Cuerpo de Paracaidistas del Ejército del Aire nos la dieron por nuestra pequeña gamberrada, aquello de cambiar todos los ascensores de los edificios por un paracaídas. Hubo mucha polémica al principio, nos tacharon de terroristas, pero pronto todo el mundo hacía cola por "volar en ascensor". Decían que era como si hubiésemos instalado un pequeño parque de atracciones en casa. Que adrenalina ya no significaba estar en un atasco de la nacional dos. Mire, la gente siempre fue mucho más valiente que nosotros, lo que pasa es que necesitaban un empujón. Es como con los semáforos en rojo, puedes ver a veinte personas esperando, todos con unas ganas de cruzar que te cagas, pero nadie lo hace hasta que llegas tú con cara de Bruce Willis y cruzas. Pero eso era antes, estábamos tan hartos de ver esos rostros acartonados mirando a ver si 'dejandepasarloscoches' que cambiamos todos los semáforos por luces estroboscópicas, como en las discotecas. Y ni un atropello. Los conductores se bajaban del coche al llegar a los cruces para ponerse a bailar. Con los peatones, con el repartidor de periódicos o con un perro, daba igual. Conseguimos que el presidente del ejecutivo no pudiera parar de reír durante todo el debate sobre el estado de la nación, probablemente contagiado por toda esa falta de seriedad que se extendía como una plaga. Hicimos muchas cosas más, pero el mayor mérito consistió en crear un ser con vida propia. Porque por más que nos lo pregunten, no estamos detrás de las camas elásticas en cada esquina, divertidísimas por cierto, ni de los treinta canales de televisión en los que solo ponen videos de caídas, ni de que en las panaderías sólo se venda pan untado de Nocilla, ni de que en vez de pagar para subir al autobús haya que cantar "Viva nuestro conductor, conductor, conductor" hasta bajar en una parada. No conocemos al tío que comenzó con el negocio de los caballos, pero me encanta que ya nadie tenga coche. Bueno, solamente quedan las furgonetas de la policía, decoradas como la del Equipo A. Lo de que ahora todo el mundo vaya vestido de indio o de vaquero según me contaron lo pusieron de moda unos tipos que fueron a trabajar después de tres días en una fiesta de disfraces. Ya se lo dije antes, la gente es la que estuvo siempre un paso por delante.

Creo que aún no he respondido a su pregunta. Lo hicimos porque o la ciudad nos volvía locos o volvíamos nosotros loca a la ciudad. No sé si me entiende.

Onanismo.

Te echo de menos jonybelog. El martes o el miércoles que viene en vez de un sms te escribo una de estas cartas casi diarias que tanto nos gusta leer.

Yardas.

El bueno de Forrest Gump ni de lejos se lo pensó tanto a la hora de anotar un touchdown.

Amnesia.

Explícame, llevo toda la vida conduciendo y de repente se me olvida donde está el embrague freno acelerador. No recuerdo si las líneas se leían de derecha a izquierda o de izquierda a derecha. ¿Soy zurdo verdad?. No sé si el balón blanco es para jugar al fútbol y el naranja al baloncesto, o al revés. ¿Por qué no encuentro a Wally si me lo sé de memoria?. Creo que pulsando el play se rebobina, o espera, a lo mejor no era así. ¿Era ésta mi chaqueta?. Llevo toda la vida viéndote y no estoy seguro de cómo te llamabas. ¿Yo quería ser Edward Norton?. Me dicen que en la fotografía salgo yo de pequeño pero no me reconozco, no. No me puedo creer que yo dijera eso. Creía que era mi móvil y resulta que a esto lo llaman mechero. ¡Pero si las llaves estaban aquí!. ¿Así que andar marcha atrás no es lo normal?. Que si, que si, que estoy seguro de cómo se enciende el calentador. Marca azul agua caliente marca roja agua fría. He olvidado si me gustaba taparme hasta las cejas o me gusta dormir a pecho descubierto. Espera, espera...¿lo estoy olvidando todo?

¡Ah no! Recuerdo tu segundo apellido: ___________ (que me haces darme a mi mismo). Como siga así, me vas a tener que echar de clase y ponerme un NM. Solamente aprobé gimnasia después de no saltar lo suficiente.

Librería Dinámica.

Paso cinco o seis horas al día rodeado de dll's, proyectos isapi, configuraciones, proyectos web service, api's, aplicaciones, compilaciones en modo debug, archivos en c++ de treinta mil líneas de código, outlook, breakpoints, incidencias, drivers, entornos de desarollo, control de versiones, clientes nativos, nodos, números de iteración, archivos en c# de treinta mil líneas de código, extranet para usuarios, F dieces, prioridades, lenguaje javascript, gmail, índices, nuevos orígenes de datos odbc, dsn de sistema, rastreadores de tráfico local, html's, nombres de máquina, herramientas administrativas, alias para directorios virtuales, comandos iisreset, bases de datos de pruebas, consultores, consultas en sql, trucos de oracle, instancias de flujo de trabajo, registros, windows seven, fichas, búsquedas en google, bloqueos desplazamiento, puertos, páginas furtivas de tuenti, tablas con la descripción de campos de otra tabla, notificaciones, desarrolladores, generación de releases, check out's, commit's, archivos solución, show diff´s, carpetas app code, pings al servidor, y otras cosas.

Y lo único que me abruma durante todo ese tiempo es el sandwich de lomo embuchado con edam al treinta por ciento del Eroski que me como todas las mañanas y tus ochocientos setenta y dos metros de altitud.