Almodóvar.

Me he dignado a mirar la nueva agenda obsequio de la revista femenina 'Glamour' la cuadragésimo cuarta vez que mi madre ha acudido a mí para enseñármela. Es dorada. Completamente dorada. De color oro búscame en forma de pepitas en los ríos de Norteamérica. Y yo no soy ni Romeo, ni Cruz , ni Brooklyn, ni ningún otro retoño de Victoria Adams. Mi madre salía de fiesta en los años sesenta, pero ahora prefiere comentar el frío de cada una de las comunidades autónomas. Es una de esas madres que te mira fijamente a los ojos mientras narra los menos diez grados centígrados de Murcia. Mi problema este sábado es cómo decirle que esa agenda que tiene el color de la funda de un diente de un rumano no está hecha para ella. Y comprendí porque Pedro pensó en aquél título: Hable con ella.

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