Shoegaze.

Me miraba los zapatos al andar y levanté solamente la cabeza para encontrarme con una camisa azul de lunares tan fina y transparente que ya podía sentir la lencería de Mira aquella chica diez metros más allá con ese pelo teñido de rojo y estropeado porque Seguro que se ducha con el champú barato que compró una de sus compañeras de piso. Y en esto se me ocurre que igual que su pelo podría ser su corazón, así que decidí seguir sosteniendo en mi mano la camisa de aquella chica tan lejos de mí con la mirada ahora puesta  en unas piernas dolorosamente finas, envueltas en unas medias negras Perdón quiero meter las manos debajo de tu falda, hacer esta pausa y volver a atacar enérgicamente para ver cómo el perfil de ambas se pronuncian violentamente a medida que se acercan a tus caderas, agarrar la goma elástica a la altura de tu cintura y sentir los surcos que marcan tu piel, y una vez asegurados los anclajes pelar la fruta que ahora son tus rodillas y al terminar con el empacho dejar de escribir esta carta de amor estúpido y sentarme en mi escritorio a escribir una novela de vaqueros en el salvaje Oeste remunerada por una desconocida editorial. Y que todo se quede en nada porque en aquél momento, aún con la mano en la camisa de lunares, pude ver también tu cara gobernada por una mandíbula bien fuerte y un tono pálido y unos ojos bien grandes delineados en un plano con una raya de maquillaje negro como el cierre de su sujetador, hasta que en ese momento, en un despiste, me volví a mirar los zapatos y sonó en el hilo musical una canción del año 1990 o 1991, con sonidos de “guitarras con retroalimentación, ruidosas y a la vez melódicas, plegadas de efectos como el flanger, reverb o chorus que crean ambientes espaciales, acompañadas de letras sombrías y melancólicas, la mayor parte del tiempo susurradas”. Y después volví a levantar la cabeza sabiendo que la chica que nunca estuvo allí había desaparecido. Pero seguía allí y esto es lo que realmente quería contar, que una vez deseé algo y ocurrió, solo una vez, porque pensé Dime algo, Háblame, y juro que en ese momento ella se dio la vuelta y me sonrió y me dijo Me guardas el sitio en la fila. 

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