Mercurio.

Seguidor. A través del pasillo te persigo, y las paredes ya no me rozan en los codos. Son lisas, aterciopeladas. Disculpa, ¿hablas de las mañanas?. Hablo de que las voces suenan suaves, los pájaros amanecen tenues, las sábanas son cada noche más ligeras. Que se oye el sol cuando se pone, sus volcanes incandescentes, truenos, brum. Brum. Y ya no me lavo las manos los domingos, están llenas de insinuaciones, indirectas, miradas, secretos, pistas. Sí, ya te oigo, cada vez estás más cerca. Hago que voy pero hace tiempo que estoy aquí. Impaciente en el silencio, aprendiendo a ver a oscuras, a levantar la mano rápido en clase. A inundar tu barca. A pintar con colores. A sustraerme. A elevar el mercurio. El cincuenta por ciento, la mitad, se convierte en todo. Ya estoy terminando la lista de la compra, un segundo, quiero cenar el cielo de Croacia. Noche cerrada, a oscuras es imposible olvidar.