Ya.

Una patria sumergida en un estado de caos total, que va a doscientos cincuenta kilómetros por hora con dos conductores que no saben cómo frenar el automóvil, que se observan desatados sin encontrar una solución a un problema que no existe como tal, que se gastan y se demoran en levantamientos, atentados contra la naturaleza. Locos dirían, sin ya saber el por qué. Tienen problemas, tienen delante una avería. Y a mí me acosa la vergüenza, las ganas de llevarles un detalle a los que opinan Creíamos que no iba a ocurrir. Dos lágrimas que me dijeron Estamos aquí, estamos delante de tu cara, mejor que no mires para otro lado, mejor que no te escondas, mejor que lo arregles, mejor que no corra la sangre, porque al final no lo vas a merecer, ni a nosotras tan líquidas ni a estos ojos que nos dan la oportunidad de aparecer. Haz lo que puedas, aprieta los dientes, siéntate, ve a la biblioteca, tú verás. Pero una huelga general aparece inmediata a la vuelta de la esquina, con miles de manifestantes, y no, no reclaman la paz mundial sin salir de la cama. Reclaman la dimisión del jefe de estado, del presidente del ejecutivo. Así que antes de que te vuelvas loco, piensa en cuánto te gusta lo que tienes, deja de merecer una intervención o un golpe de estado, y yo que sé, haz algo ya.