Houston.

Si nuestras huellas permanecieran intactas a lo largo del tiempo y un satélite espacial pudiera retratarlas desde su órbita, podríamos comprobar que trazamos un número. Todos nuestros pasos al final dibujan lo que hemos buscado a lo largo del tiempo. Si por ejemplo andas durante mucho tiempo en línea recta hasta que comienzas a describir un círculo perfecto, estás escribiendo un nueve. A partir del diez, con el diez incluido, hacen falta dos personas para escribirlo. Puedes buscar a alguien que te acompañe en el registro de ese número de dos cifras. Pero no hay reglas, así que puede ser que el diez no sea la nota más alta. De hecho no lo es. Entre dos, lo mejor que puedes hacer es buscar a alguien que entre tropezones y con los brazos extendidos como alas esté dibujando su propio nueve. Los astronautas de la estación espacial, cuando ven algo así, se asoman juntos a la escotilla y señalan con el dedo diciendo en inglés: "¡un noventa y nueve!". Y detrás de ellos un astronauta ruso se pone el traje, sin perder un solo minuto, para dar un paseo espacial. Tiene las pupilas dilatadas, los ojos como si fueran anti nieblas, porque se acaba de acordar de que él dejó su número a medio hacer.

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