Rojo Revolución Comunista.


Hay horizontes que no se visten con su mejor paisaje para salir en la foto. Tampoco se preocupan, porque son anécdotas, o fotos que algún día habrá que decidir si poner en un marco o no. Pero un horizonte es un horizonte, y ellos saben capturar los instantes mejor que nadie, poniéndolos de pie sobre su espalda para toda la vida. Los horizontes viven tumbados boca abajo, tomando el sol y escuchando todas las conversaciones al mismo tiempo. Desde allí van seleccionando todos los segundos que cambian el dibujo de nuestras cejas. Lo primero que te recuerdan es quién estaba a tu lado cuando miraste hacia el fondo más de la cuenta y le pillaste desnudo. Y luego, pasados los años, ellos volverán como demonios en la noche, para hacerte pensar en el color rojo que se desbordaba sin control cada vez que se abría aquella habitación o las respuestas dadas en silencio, todo un final revelado, cuando los ojos son menos precavidos que la boca.

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