Mientras estaba desayunando, alguien en la mesa le preguntó:
-¿Y esa cara de nostalgia?
-Nada, está todo perfecto. Huele a pan tostado, tengo un bol magnífico y un paquete entero de galletas.
-¿Entonces?
-Que me falta la leche.
-¿Y no te apetece mejor un poco de zumo?
-No, no, leche, de verdad. Es para mojar mis galletas.
-Leche con galletas, qué buen desayuno.
-Ni te lo imaginas, me lo tomaría a todas horas, hasta para cenar.
-Pues espera entonces, tardo cinco minutos.
-De acuerdo, pero solamente cinco minutos más.
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