Tía.

Las seis y media, ando más despacio que nunca mientras la gente se pega por llegar al tren, a mí hoy me da igual, un rayo de sol me pega en los ojos en la periferia recordando que el invierno pronto se acaba. Yo que me sentía especial de ser el tipo más feliz del invierno. Pero a veces el cielo pesa demasiado y huelo a mierda. Así que marco un número que descuelga y me dice que sí, que me emborracha un martes hasta bien prontito. La media hora que tuve que esperar la pasé recorriendo la calle montera, y cuando vi la casa en la que fuimos vecinos de actores todo costó mucho más. Dios, me pide más monedas que cualquier mendigo. Creí tener el valor suficiente como para andar discretamente por la calle fuencarral, pero el bazar en el que miraba los relojes casio mientras te pedía opinión me convirtió en basura y pronto tuve que mirar hacia el suelo mientras escuchaba a coldplay. En seguida me di cuenta de que estaba con los ojos lloroso, tanto que se me pasaba cuando un ciudadano me volvía a mirar a la cara. La lluvia me llevó a la plaza de vazquez de mella y ahí me senté, y ahí no pude más y los nervios me empujaron a llorar en silencio, pidiendo a quién fuera que me saltaran las lágrimas. Estuve sentado mientras anochecía, y si no me crees te diré que apunté mentalmente la hora en la que se encienden las farolas: las 19:06. Enfrente de mi un hotel en el que pone "¿Quieres dormir conmigo?" en ingles. Eso sin duda me puso más triste. Alejandro vino y vió mi cara y supo actuar. Supo decirme lo que necesitaba oir, aquello de "hiciste mal pero..." . Gracias Alejandro, me llevaste a la Fnac porque sabes que me gusta y después de invitarme a cenar me emborrachaste. Un martes ebrio, lo necesitaba. Antes de irnos pediste quiéreme y allí la bailamos los dos solos, porque el bar estaba vacío. Él sabe que esa canción me recuerda a la chica que es capaz de cambiar el dibujo de mis cejas. En la calle de camino a casa perdí el móvil otra vez, soy un desastre y a nadie le gustaba hasta que llegaste tú. Y ahora, borracho en mi cama, me pongo a temblar pensando en el número de botellas de whisky que harían falta si tú, llegado el momento, decidieras olvidarte de mí. Joder tía, aunque sea un gilipollas hoy te he echado demasiado de menos.

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