Lagrimita.

De cara a la pared, piensas en lo subnormal que eres y te clavas el lápiz en la mano mientras el resto de los niños te lanzan gomas de borrar a la cabeza y mientras la profesora ya no te hace caso aunque tú la mires de reojo arrepentido. Una lagrimita estúpida se dispone a resbalar por tu mejilla, de una forma muy infantil que no puedes controlar. Porque te pones a pensar lo que te gusta que tu vida sea como una canción de Pereza con alguien que realmente entienda lo que eso es. Y lo que te gustan todas esas miradas que te cruzas con ella cuando la ves bailando la música de la orquesta. Esta noche, ya que no puedo dormir, no voy a parar de escribir. Mañana me llamaréis loco.

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