Creo que si abro la ventana y voy haciendo equilibrio por la cuerda de tender podré llegar hasta tu balcón. Cogeré miles de prendas escogiendo las mejores para ser el más guapo. También un par de pinzas para sujetarte, no vaya a ser que quieras escapar. Creo que si abro cualquier mapa en él solamente saldrán desiertos con una enorme cruz roja marcada en el centro, un oasis o un tesoro que seguro me lleva hasta tu cuarto. Creo que si el cartero me trae una carta iré preguntando uno a uno a todos los viandantes por la dirección del remite, quizá sea la tuya. Creo que si salgo a la calle a comprar el pan terminaré cogiendo el autobús para llegar hasta tu portal, y tendré cuidado de ir dejando migas que me recuerden el camino. Creo que si abro un libro el marca páginas será una foto en blanco y negro de tu salón, detrás unas instrucciones detalladas de cómo llegar. Sin parada para echar gasolina ni motel de carretera. Creo que si cojo un avión con doscientos pasajeros aterrizaré en tu jardín, sea cual sea el destino. Creo que si escojo un pastel estará hecho en tu cocina, en tu horno, con tus virutas de chocolate. Y sé que si es miércoles, de cualquier semana, y da igual dónde demonios esté, regresaré a tu cama, sabré llegar, me quedaré allí, y nunca más hablaremos de cambiar las sábanas.
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