El último cigarro de anoche, le di una calada y eché el humo fuera, y estabais todos como de postal, bailando en la calle por parejas, flirteando con extraños algunas, cometiendo actos vandálicos otros, y yo como decía le di otra chupada porque me gusta apartarme un poco, permanecer ajeno, en otra órbita, para miraros así un poco de lejos, mientras me acerco a la boca de metro, huyendo del frío, pero vosotros creo que ya he dicho parecíais una orquesta desordenada, unos ríen, otros callan, ellos dos se besan. Y yo os miro desde detrás de la ventana aunque esté con vosotros claro, el licor a veces me hace así, no tengo tanto fondo, a veces me gusta callarme y veros desde la otra punta, como una película muda, pensar en que esa chica siempre que sale de la sala me dice con tono de reproche que soy un intenso y yo siempre la amenazo con pellizcarla mientras le ofrezco un chicle de regaliz negro, y después de masticarlo me mira un momento y cambia la mueca a más alegre y me suelta un poco ida por el aroma del dulce que ella me quiere así y se pone a gritar el nombre de un chico rico con el que retoza en la calle preciados, entonces pienso en el chico de Brno que se besa románticamente con la chica que siempre nos cuida, porque ella es muy familiar, me regaló un reloj calculadora que permite contar las días que quedan para montar en su furgoneta, un momento especial porque me deja poner a Iván Ferreiro y me hace un resumen detallado del año, en pleno agosto, y cabreno se va otra vez y no me gusta que esté lejos, porque así ni famosos ni ricos y trabajando en una oficina de nueve a seis con hora para comer y un matrimonio roto y a los niños solamente les veo una vez al mes, así que por eso tampoco hace falta que te tenga que pedir que me pongas en el sitio por videoconferencia, y mira al enajenado del mano a mano, bebe y bebe aunque no tenga sed y bueno, es así, es como el niño loco alemán pero a veces habla de política en el desayuno después de dormir en su coche, es gracioso, o por lo menos más que yo, que ayer estabas saboreando vinos y espero que ninguno estuviera malo, porque vaya genio te gastas, cómo te pones a veces, luego compartimos el corrector de ojeras y se nos olvida todo, y bueno, seguro que me olvido a alguien, mi madre me diría que me olvido tantas cosas que me olvido de mi mismo, y qué razón tienes cuando nos cruzamos a las siete de la mañana en la cocina, yo mirando el suelo para que no veas mis ojos rojos, tienes razón, me dejo cada viernes, cada sábado, en la sala y en las esquinas de la gran vía, en los tallarines y en las putas, me voy descontando segundos, hasta que me tapo hasta las orejas y alguien, tampoco en su sano juicio, y dime quién lo está, me dice: te quiero, bajito.
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