Pájaros.

(Que ya eran muchos meses montado en ese Ferrari y yo no quería oir cuando me decían pequeño que te la vas a pegar. Pero que me quiten lo bailado. Estoy acostumbrado a este tipo de cosas, a dar mil vueltas de campana mientras aprendo a deslizarme con una tabla sobre la nieve, a un ataque de nervios debajo del agua sólo con mi botella y a no acordarme de la pregunta del examen que supone un cinco. A que no me cojas en tu equipo y a que me des la espalda porque yo simplemente llevo otro ritmo y no lo puedo evitar. Porque siempre supero muy ajustado el corte. Y en el fondo estoy orgulloso, eso es lo peor de todo. No sé si existe ese pueblo de Dinamarca o no, pero si existe yo me voy, porque ese es mi sitio).

La camarera del Lolina me recomendó que té debía beberme anoche. Por tu voz, se que podrías decirme algo que no me haya dicho nadie antes.