Sí que son rápidos. Y yo tan despacio, culpa del choque. Cada
hora una época: a veces un verano, otras veces el otoño, al segundo siguiente
este invierno. No lo niego, acribillan. Atacan, se repliegan, se hacen señas. Juegan
en equipo. Insisten. El bombardeo está
aquí, impuntual como cada día. Y después
agujeros, vacíos, nada, ellos se retuercen, ellas bailan. Cuál va a ser la cuerda
floja hoy. A qué temperatura evapora.
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