Vapor.

La chica tiene una agenda en la que prepara citas a cada una de sus lágrimas. Ellas se enteran del encuentro a última hora, y por eso siempre aparecen con las ropas arrugadas y mal maquilladas. En el lugar y a la hora no acordada siempre aparece el mismo chico, con cara de despistado y sin enterarse aún qué persiguen los minutos que él pasa junto a ellas. Hace el amor con cada una mientras unas notas alegres le asaltan la cabeza. Él entonces las agarra por las caderas y las pone a bailar, y pronto se levanta el polvo en forma de una nube que cae y se levanta en una montaña rusa. Las suelas de los zapatos levemente despegadas del suelo, las lágrimas dejan su cara con un brillo amarillento y los pómulos recién lavados, con olor a rocío. Sí, a rocío, porque la leve capa de humedad que tapa los campos también contribuyen a que estos crezcan. En este caso solamente es vapor de amor condensado.

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