Coleta.

Si trazáramos una línea imaginaria que fuese desde su cabeza hasta sus pies, podríamos distinguir dos zonas claramente diferenciadas: en una zona encontramos nueve mil hormonas acróbatas con sabor a piruleta, en la otra una sonrisa que mezclada con ron huele a pólvora. En medio me encuentro yo, en la línea fronteriza, en el cruce de caminos. Me registran en la aduana cada vez que voy de un sitio a otro. A veces contemplo atónito desde mi trinchera lo maravilloso de tanta contradicción. Otras veces tengo que salir sin camiseta al campo de batalla a cazar insectos brillantes en medio de una tormenta de arena. Hay ocasiones en las que salgo y miro al norte y veo una mirada, una fábrica de tizas, y luego miro hacia el sur y veo un gesto raro, un almacén de armas. Dos países distintos que no quieren conquistarse entre sí aunque pretenden ser invadidos y repeler cualquier tipo de ataque. Sí, todo al mismo tiempo. Es como ese ratito en el que es de noche y de día a la vez, en el que puedes ver el sol y la luna cada uno en una punta del cielo. Creo que se llama amanecer y anochecer, y siempre que lo observo me quedo callado, como cuando ella sujeta una goma del pelo con su boca mientras se hace una coleta.

1 opiniones:

me parece indignante que no este en tu lista de as/ins-piraciones