Cinco.

Chica de los cinco minutos. En el primer minuto creas mis intervalos. Querías un nombre bonito y diferente y por eso te llamas como te llamas, pero en vez de un acento el tuyo se escribe con un lazo en la i. En el segundo minuto tejes mis tiempos. Querías una sonrisa bonita y diferente y por eso sonríes como sonríes, pero en vez de una mueca alegre tú tienes una cama caliente en la que pasar el invierno. En el tercer minuto dominas mis instantes. Querías unos ojos bonitos y diferentes y por eso observas como observas, pero en vez de mirar a ti te busco con la mirada. En el cuarto minuto conviertes tus cinco minutos en mis cinco minutos. Querías un momento bonito y diferente y por eso vives el momento como lo vives, pero en vez de cinco minutos buenos tú y yo estamos haciendo algo más que eso. Estamos bailando como locos alrededor del fuego del último contenedor que quemamos, y el resplandor ya se ve a lo lejos.

El quinto minuto es mío. El quinto minuto soy yo.

Hace una semana me llegó un mensaje privado:

¿Conoces a Bon Iver?