Guerra Interna.

No tiene ningún sentido que estés en la arena cortando el viento con tu espada. Hace tiempo que el César te dió la libertad. Ya no eres ningún esclavo, gladiador. Ya has sido el verdugo de suficientes energúmenos, ya has arrancado la cabeza de cuajo a unos cuantos leones. No malgastes energía y deja de sudar, el coliseo está completamente vacío. Dale al espectador lo que se merece o quizás se canse de tí y de tus fantasmas. Fantasmas, hombre libre. ¿Quieres que te enseñe cómo quitarles la sábana?. ¿Quieres pintarlos de colores?. Que sean ellos tus prisioneros, que sufran el Síndrome de Estocolmo. Ejecútalos, sólo tienes que extender el brazo y apuntar con el pulgar hacia abajo. ¿Lo oyes? Son las ovaciones del pueblo, que quiere verte en tu última pelea.



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