Estroboscopio.

Luces estroboscópicas. Colillas en el suelo. Gente desconocida. Amaneceres. Calcetines tirados en el suelo de tu cuarto. Pis. Labios pintados. Pegatinas con mensaje pegadas en una señal de circulación. Películas. La matrícula de un coche que te sabes de memoria. Ciudades del extranjero. La arena de la playa resbalando entre tus dedos. Oscuridad. Las sábanas de una cama que no era la tuya. Estrellas fugaces. Nieve. Logotipos de marcas. Páginas de libros. Caras de gente que conociste una única noche. Fotos. Tu reflejo en el cristal de enfrente en un vagón de metro. Palomitas. Globos de helio con figuras de dibujos animados. Cucuruchos de helado. Estatuas. Edificios. Árboles. La luz cegadora del sol. Flores. Insectos curiosos. Chucherías. Montañas rusas. Balones estrellados contra el poste de la portería. Dinero en tu mano. Palomas volando asustadas. Sonrisas. Ojos. Orejas. Drogas que no probaste ni probarás. Pobreza. Cestas llenas de fruta. Esquinas. Fuego en una hoguera. Comida haciéndose en una sartén. Lágrimas. Famosos y famosas. Gente nadando debajo del agua. Guitarras sonando. Zapatos de tacón. Las manecillas de un reloj. Oficinas. La espuma de las olas. Personas cansadas. Minifaldas. Vasos de coca cola. Jirafas. Puñetazos. Aviones despegando.

Todo eso lo han visto tus ojos y aún crees que tu vida es algo normal.

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