Billetes.

Vaya, fin de mes. Es el momento en el que miras tu cuenta de ahorros y te pones a contar todos los billetes. Y a ello procedo, con una tirita pegada en cada dedo. Cuatro semanas con importantes ausencias y nadie en el banquillo que pudiese sustituirlas. Un planeta que rota y que nos oculta un poco del sol para regalarnos el vaho que sale de la boca. Mucha incertidumbre, demasiados no sé que va a pasar. Un poco desencantado, porque veía que el ritmo nocturno tenía que bajar. No, no pintaba nada bien. Pero al final se ha resumido como un noviembre dulce, la hoja del calendario que más ha sorprendido del año. Y para bien. Tengo cruces marcadas en dos grandes sorpresas, en una película de Julio Medem, en el día que empezé a cotizar, en nuevas pérdidas de móvil, en unos buenos safaris de madrugada, en unos castillos, en desayunar donde los taxistas, en el concurso de Agustín, en la sesión de las veinte veinte en Golem, en bailar a Britney Spears en la casa de Pau, en el día que me enamoré de un sitio que se llama Lolina, y en intentar lo del tema treinta entradas en treinta días. Era algo pactado. Si os ha gustado alguna (esta no, que es la peor que hago) es porque decidí entrar con un lanzallamas en las oficinas de blogger, y algo bueno tenía que salir. Pero muchas gracias a los que me habéis dicho ¡eh! me ha gustado lo que has escrito. Guay.

Pero en la bolsa del bocata con la que me veréis por la calle también me llevo unos cuantos negativos, así que no hay nada que celebrar, mientras siga siendo la selección de las Islas Feroe.

1 opiniones:

pues yo creo que tanto los positivos como los negativos merecen ser celebrados