Últimamente el tiempo se me escapa. Huye de mis manos, de mi mente, de mis ojos, de mi boca. Vuela del lugar en el que me encuentre, se aleja como el humo un día de mucho viento. Me deja con el cerebro vacío, y mi conciencia se separa completamente de mi cuerpo. Me convierte en un autómata, en un robot, en un muñeco. Parece que hay algo dentro de mí que se arremolina contra el techo, buscando un resquicio en la ventana o el conducto del aire acondicionado. Me quedo detenido así un tiempo indeterminado, puesto que nunca miro el reloj ni antes ni después de la pausa. Pero me sorprende cómo vuelvo a mí mismo cuando vuelvo, y tardo varios segundos en aterrizar de nuevo de forma suave y lenta de un viaje extraplanetario. ¿Adónde voy? No lo puedo saber bien, porque algo de naturaleza desconocida se adueña de mí. Cada vez son viajes más largos y con espacios más grandes.
Una voz me dice que allí donde voy es a ese sitio en el que solamente te encuentras tú, donde solamente nos encontramos los dos. Un rincón que construimos y que pertenece a ambos. Nadie más sabe dónde está, ni que aspecto tiene, ni como se encuentra uno allí.
Allí seguiré yendo, cuando me enrosque en el colchón y te eche de menos.

3 opiniones:
enróscate marmota, que ya me encargo yo de desenroscarte poquito a poco el domingo :).
es un buen viaje, yo creo,
te sigo, .
Esto está súper, me sentí medio identificado. Te sigo.
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