
Me tomé con Mona un café.
-Mona, te veo distinta, ¿te has cambiado el peinado?
-No, me compré unos zapatos nuevos.
-Son realmente bonitos. ¿Quieres mi azúcar?
-También me cepillé el corazón.
-Si, veo que tu nariz se mueve de forma diferente.
-¿Puedes remover mi café con la cucharilla?
-Te pasa algo. Cuéntamelo.
-Nada, que no puedo cambiar esta sonrisa.
-Estás harta de que la gente te mire.
-Y de que me hagan fotos, odio la fama.
-Tranquila, echaré un poco de coñac en tu café.
-Gracias. Muy amable.
-¿Me dejas darte un beso?
-Por favor.
-¿Y si hablo de dormir juntos?
-Sabes que no puedo.
-Se me olvidaba. Tienes que quedarte aquí.
-Sabes que me muero de ganas.
-Ya, pero me tengo que ir.
-Que bueno está este café.
-Eso es porque te lo he preparado yo.
-¿Y el beso que me prometiste?
-¿Otro? Ya besé la cuchara con la que removí tu café.

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