El espíritu de los jugadores de casino antes de apostar todo a un número y un color. El estilo de los camioneros que hacen un alto en el camino para ir a un local de alterne. El ritmo de un alcohólico al que no le sirven la última en el tercer bar de barrio que visita esa noche de martes. Ella, una gogó de una discoteca, me hizo sentir así. Y no sé si será la novedad de una brisa cancerígena como el tabaco o el coqueteo con la turbiedad de un club de striptease, pero con su mirada fija en mi mirada ella hizo papiroflexia avanzada en mi cabeza. Yo, hipnotizado, sumergido en su cuerpo, no podía distraerme con el rotundo beat del dj. Intentaba traducir el mensaje en código Morse que su cuerpo reproducía con una danza creada para combatir la impotencia propia del exceso de licor. ¿Cuál es su nombre? ¿Estará cansada?¿Le gustará su trabajo?¿Tendrá hijos?. Ella era un rótulo con miles de bombillas incandescentes coloreadas en el que sólo se leía la palabra sexo. Ella era una naranja que todo un mar de cabezas soñaba morder. Ella era puro terrorismo sensitivo, el poder de anular a una persona como tal. Tu oficio, cariño, se me antojó ayer como algo realmente digno de alabanza. Haces lo mismo que muchas otras, pero tú al menos dices, citando a mi cantante preferido, aquello de: "¿Me quieres? ¿Sí? Pues págame".
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1 opiniones:
no te olvides que pegar está bien visto jhonny
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